diumenge, 15 de gener del 2012

Ai Perejaume, si veies..........

LA EXPOSICIÓN

Desde los años noventa, la labor de Perejaume gravita sobre la idea del exceso. Por una parte, dada la velocidad de lo que se conoce como progreso, el mundo entero se ha hecho demasiado visible, totalmente a la vista. En esta tesitura, todo ha acabado por convertirse en un tipo de exposición permanente ante la que estamos llamados a comportarnos como un público distraído. Por otra, la propia cultura crece, se sobrescribe y se acumula sin desfallecer, condenada a convertirse en una narración infinita que gira y gira sin detenerse. Ambas formas de exceso obligan a contestarlas apelando a la necesidad de esconderse y callar. Las estrategias para producir este repliegue apuntan hacia dos horizontes: articular una poética del deshacer que devuelva a las imágenes al refugio del mundo y, de forma complementaria, instruirnos en la simple escucha y atención del quehacer natural. De todas formas, son necesarios el esfuerzo y el griterío de construir las herramientas para este doble movimiento de tocar el mundo para dejar de hacerlo.

Martí Peran

LA EXPOSICIÓN LA EXPOSICIÓN

«El título se exclama: “¡ay!”, interpela al autor y se lamenta: “si vieras…”. El visitante y el lector reconocen una expresión familiar de advertencia. Pero no está claro quién avisa, o de quién proviene la queja, a quién pertenece la voz, quién se lamenta... No es el autor, porque él es el interpelado y, por lo tanto, el receptor de las palabras. Podemos pensar que tal vez se trate de la obra del autor. Pero quizás es la exposición la que se queja de cargar con tantas obras. Quizá es el conjunto de todas las obras, no solo las propias, sino también las de sus contemporáneos y las de sus predecesores; las obras plásticas que ocupan las exposiciones, pero también las obras sonoras; las obras escritas, las obras recitadas e interpretadas, además de las obras no artísticas; las obras utilitarias; las superfluas; las banales... Puede que sea el mundo el que se lamenta por boca del autor.

Tampoco sabemos si se trata de una voz individual o de una voz colectiva. Hemos reconocido, tal vez, una expresión familiar de fatiga. Podría ser la de la suma de los esfuerzos que se interiorizan durante el día y se exteriorizan al atardecer en una queja definida; o también el lamento más melancólico del paso del tiempo, de las cosas vistas que se desvanecen... O incluso una queja cansada por haber visto tantas cosas y tener que ver todavía más. Pero puede que no sea una queja subjetiva, sino una exclamación coral, como en la tragedia griega. Hay algo pacificador y reconstituyente en esta voz coral, sabia, fiable. La exclamación, entonces, no se trata tanto de una queja, un consuelo, como de una forma de intimidad.»

Ivan Bercedo y Jorge Mestre, «Onomástica», en el catálogo de la exposición.

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